viernes, 5 de septiembre de 2008

LORELEI


Días de borrascas, tormentas, ciclones, naufragios.
Días de aferrarse a tablas sueltas, remontando mareas, despertando en playas ajenas para terminar escapando de feroces tribus de cazadores de cabezas...

Septiembre nos escupe a las orillas de un mundo que no cambió todo lo que habíamos pensado que cambiaría en Agosto...

Y poco a poco, nos vamos reencontrando. Palpando las nuevas heridas, casi siempre en los mismos sitios, algunas son más grandes. Otras siguen siendo las mismas....

Y nos vamos encontrando por la calle y nos contamos cómo nos fué. Nos miramos de arriba abajo midiendo el cambio por el color de nuestra piel. Nos abrazamos por educación para asegurarnos de que no somos visiones propiciadas por los últimos coletazos del verano...

Hemos visto demasiadas veces al mar encresparse y a las nubes amontonarse con cara de malos amigos sobre la raya del horizonte...

Pero el viento no hincha mis velas. Y este marinero toca el acordeón en cubierta. Repara en que la pesca ha sido poca, y que la sal me pica en las heridas, y que si las cosas no mejoran pronto, se avecina una tormenta de las que aplanan el mar.

Habrá que amarrarse al palo mayor....

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